Sin perder la esperanza soñar, reír y llorar.
Sin perder la esperanza observar, aprender y actuar.
Sin perder la esperanza, a veces se pierde
Pero gracias a la resistencia humana en los lugares más inhóspito y hostiles no tenemos más obligación que resistir y persistir en ti.
Vida

martes, 21 de noviembre de 2017

Yo también he sufrido la violencia machista


Llevo días pensando en escribir a raíz del caso La Manada, pero no para hablar de él directamente sino sobre el cuestionamiento hacia las mujeres que han sido víctimas de una violación o de una agresión sexual. Y es que todas estamos viendo como se cuestiona a esta mujer, que cuando "presuntamente" la violaron cinco sujetos, no era más que una niña, sí, porque con 18 años eres todavía una niña y pedir que tras una violación esta sea condenada de por vida a no reír, a no salir, a no tener vida es abusivamente escandaloso, o sea que te violan y encima debes llevar una carga de culpabilidad que haga que todo el mundo vea lo mal que lo has pasado y que ya te han arruinado la vida. Pues no, esto por supuesto no debe ser y nosotras no debemos consentir que nadie pretenda hundirnos aún más en la miseria tras haber sido víctima de una agresión sexual. 

Ayer leía el artículo que escribió Ruth Toledano "Mi violación" y no sólo me emocioné al leerlo sino que fue cuando pensé "esto hay que leerlo y hay que escribir más sobre violaciones y/o agresiones sexuales", por dos motivos: 

1) porque sinceramente creo que hay pocas mujeres que de una u otra forma no hayan sufrido un ataque a su integridad sexual y esto hay que hacerlo visible, y

2) porque hay que ahondar en eso de la "relación consentida" y que si se produce en una violación no es consentida por mucho que lo parezca sino una violación en toda regla.

Tenía más o menos 13 o 14 años y como se hacía antes, sobre todo antes, cuando las calles eran espacios públicos cargados de juego y ocio infantil dónde niños y niñas nos pasábamos la vida sin temor a ser atropellados, pasaba mis ratos libres charlando en algún tranco de un portal o paseando calle arriba y calle abajo con amigos y amigas. Recuerdo que era de noche y llegaba la hora de volver a casa, serían las 11 aproximadamente cuando me despedí de todos y caminando hacia mi casa, muy cerca ya de la entrada, tres sujetos, masculinos, me rodearon en un coche que estaba aparcado al lado de mi bloque, yo no entendía nada y me fui acercando lentamente hacia la puerta de mi casa, ellos seguían rodeándome y sus manos fueron descendiendo lentamente desde mi cara justo hasta dejarlas posar encima de mi zona genital, por encima del pantalón, yo cedía hacia atrás pero me agarraron del cuello tapándome la boca para que no gritara mientras seguían sobando mis partes íntimas. Yo continuaba echando mi cuerpo hacia el portal y en cuestión de segundos pude estirar una mano y tocar al timbre. En ese momento y cuando empecé a pedir ayuda salieron corriendo. Mi padre salió a la calle, me vio descompuesta y corrió todo lo que pudo hacia aquellos hombres. Se que les dio caza y se también que mi padre les golpeó, no se si a partir de ese momento esos chicos se lo pensarían dos veces antes de aprovecharse de una chica pero se que calientes se fueron. 

A partir de ese momento empiezas a ser consciente de que tu cuerpo es un campo de batalla, un lugar objeto de deseo y lo que es peor, un espacio que aunque tú estés convencida de que te pertenece y que nadie sin tu consentimiento puede tocarlo, hay hombres que se creen con el derecho a hacerlo. Y obviamente, sigues viviendo. No fue más allá de un manoseo pero fue lo suficientemente humillante y violento como para que permanezca en tu recuerdo toda la vida. 

En otra ocasión, y este relato va unido al miedo que podemos sentir las mujeres cuando caminamos solas por la calle al caer la noche, salía de trabajar, en un restaurante en la playa, serían las 2 de la madrugada aproximadamente, cogí el trenet, me bajé en mi parada y empecé a andar rumbo a mi hogar que estaría a unos 30 minutos de la misma. Era miércoles y no había gente en las calles. Mientras regresaba a casa iba pensando en lo duro que es trabajar en la hostelería, en los horarios infernales y en la poca posibilidad de quien se dedique a ello como oficio, de conciliar tu vida laboral y familiar, para mí era un trabajo temporal, para pagarme los estudios universitarios, pero hay mucha gente que se pasa toda su vida sin tener vida porque los fogones no dan para otra y la hostelería, para la clase trabajadora, es muy chunga. Inmersa en mis pensamientos, caminaba tranquila, segura, nunca había sentido inquietud por ir sola, cuando de repente escuché unos pasos tras de mí, me giré y allí había un tipo, que me miró, me saludó y continuó avanzando más ligeramente hacia mi. Quizá no pretendía nada, quizá sólo fue mi imaginación, sólo se que en cuestión de segundos mis pasos se aceleraron, al igual que mi corazón, y cuando volvía la cara él seguía allí, detrás mía, caminanzo veloz contra mis pasos.

Todavía quedaban unas cuantas calles para llegar a mi casa y la última vez que torcí mi cuello para comprobar si estaba aún allí y, al certificar que así era, que me perseguía, salí corriendo todo lo que pude, ya sin mirar atrás, centrando mis fuerzas y mi  respiración en correr mucho, hasta que llegué a casa no paré, abrí la puerta presa de los nervios con rapidez y la cerré. Todo había terminado. Y no había pasado nada. Pero yo estaba angustiada, fatigada tras la carrera, y asustada. 

No, no fui violada en ninguno de los dos casos, en uno de ellos ni hubo contacto, pero ¿quien se cree con derecho de intimidar a las mujeres por el solo hecho de serlo?  ¿no podemos salir solas y como solemos decir libres y sin miedo? ¿por qué tenemos que andar pendientes de que nuestros movimientos sean controlados y vigilados por sujetos cuyas intenciones son agredirnos sexualmente? ¿por qué tenemos que vivir con miedo por ser mujeres? ¿por qué no podemos caminar libres como ellos sin sentir que pueden atacarnos en cualquier momento?

Estoy segura de que la mayoría de las mujeres hemos tenido experiencias de este tipo, y por desgracia, mucho peores. Decía al principio que me interesaba escribir sobre esto no sólo porque creo que debemos hacerlo todas, para que se sepa, para que no quepa duda de que nuestro cuerpo sigue estando en guerra con el patriarcado, sino por lo de las relaciones consentidas, que como decía Ruth Toledano, prefiró consentir a ser asesinada. Y sí, eso es así, ni más ni menos, real como la vida misma, yo si no hubiera estado en el primer caso al lado de mi casa, si lo sucedido hubiera sido en un descampado, y viendo la violencia que ya utilizaron para impedirme moverme o gritar con toda probabilidad me habría dejado hacer, porque antes viva y violada que muerta. Pero nunca aquello hubiera sido consentido.

Y miren, esto pasa y con total asiduidad en Ciudad Juárez, en México, dónde el índice de mujeres violadas y asesinadas roza límites insoportables. Allí hay un tren que cogen muchas mujeres, "La Bestia", y ellas saben que las violan en el trayecto, siempre las violan, ¿y que hacen? pues viajar, y llevar preservativos con ellas, y si se tienen que enfrentar a un violento que las quiere ultrajar se dejan y les ponen los profilácticos, porque antes viva que muerta o embarazada o contagiada de una enfermedad. 

Pero estas cosas son de mujeres y parece que sólo pueden entenderlas las mujeres. Yo apelo a supervivencia y a la empatía, a ponerse en el lugar del otro, de la otra en estos casos, y a la única opción que te queda, en caso de vida o muerte siempre se elige la vida. 

Que no nos cuestionen más, no les dejemos, no permitamos que nuestra integridad física sea doblemente violada por quienes lo hacen y por quienes se permiten juzgar como te encontrabas en ese momento y cual fue tu actitud ante una violación. Siempre, siempre, ante esta hay que estar con las mujeres, sin ningún género de duda. 
Urgen políticas serias contra el machismo, urge derribar el patriarcado asesino y violento que nos toma como muñecas hinchables, urge llenar instituciones y calles de feminismo porque si a la mitad de la población nos atacan se está atacando a la democracia. Y porque queremos ser libres y no tener miedo, porque nuestro cuerpo es nuestro y un NO siempre es un NO,  y si no se puede decir no porque de lo contrario te matan, también es NO.  

Es cuestión de vida o muerte. Quién no lo haría.

P.d.: dejo aquí el artículo de Ruth Toledano por si no lo habéis leído: http://www.eldiario.es/zonacritica/violacion_6_709789026.html