Sin perder la esperanza soñar, reír y llorar.
Sin perder la esperanza observar, aprender y actuar.
Sin perder la esperanza, a veces se pierde
Pero gracias a la resistencia humana en los lugares más inhóspito y hostiles no tenemos más obligación que resistir y persistir en ti.
Vida

lunes, 30 de enero de 2012

Sin cultura no hay revolución


Otra cosa son las rebeldías provocadas por el hambre y la miseria que provocan saqueos, expolios y violencia. Estas son igualmente válidas y legítimas porque la desesperación lleva a la calle pero distinto es que supongan una prolongación en el tiempo y lleven a un puerto en el que la concreción sea decir basta a los gobiernos dictatoriales y a la sumisión a los mercados y a las políticas que se pliegan a ellos.

¿Porqué digo esto? Sencillamente porque es necesario que a la lucha y a la rebelión vaya unida la adquisición y el aprendizaje de determinados conceptos, el conocimiento de cómo funciona un sistema que ya no vale, para producir cambios sólidos reales más allá de la puntualidad de revueltas que como digo son producto de la pobreza y que aunque sí generan posibilidad de crear organización social en muchas ocasiones se quedan por esa carencia informativa en acontecimientos aislados y que provocan mas marginalidad. La clave está en saber a quién y a qué te diriges cuando reclamas, lo contrario es un caldo de cultivo para la violencia justificada por la carencia. Y es imprescindible llegar más lejos.

Los recortes en cultura nos demuestran que ahí está la clave. Tener a un pueblo sin conocimiento, sin que sepa cómo funcionan los poderes públicos, el poder judicial, el ejecutivo o el legislativo es una estrategia demoledora de la lucha social y por lo tanto es una barrera para conseguir la transformación social.

Asistimos con estupor como tras la llegada del PP el 20N al poder el ataque a todo lo que suponga libertad de pensamiento y de expresión está entre sus máximas prioridades. Nada de crear empleo como vocean y así han convencido a los que les han votado. Nada de austeridad para con ellos y sí con los más desfavorecidos, con recortes salariales, recortes en políticas de género, recortes en bienestar social, más ayudas a la Banca, más sumisión a los mercados y más reformas laborales que convertirán a España en el país donde los ancianos trabajarán hasta que se queden ciegos y los jóvenes saldrán despavoridos fuera de nuestras fronteras porque "aquí no hay quien viva" como decía creo una teleserie española.

En Granada el recorte del PP ha supuesto un millón y medio de euros menos a la Cultura. Inició la nueva legislatura de 2011 cerrando una biblioteca municipal, una biblioteca de barrio, de barrio periférico, una biblioteca de uso e interés social, esa fue su primera piedra cultural al renovar legislatura, otros cuatro años más, por tercera vez. En los presupuestos de 2012 hay menos dinero para el Festival Internacional de Poesía, menos dinero para la Feria del Libro, menos dinero para actividades culturales educativas, y destaco solo estas partidas que tienen que ver directamente con la lectura.

En otras ciudades donde también gobierna el PP, Alicante, Madrid y en un amplísimo número de localidades el recorte bibliotecario está siguiendo la misma línea. ¿Cuál es el objetivo? ¿Porqué las bibliotecas que es una medida más propia de la Santa Inquisición, de las barbaridades medievales con los libros, de quien persigue el conocimiento y el saber? Pues precisamente por eso. Saben que la lectura, la palabra, como decía Celaya, es el arma que carga nuestra mente y produce conocimiento. Esto ya no interesa a la gente de derechas, no quieren que el pueblo sepa, no quieren que se informe. Cría borregos y seguirás feliz apropiándote de todo.

Y es que es un escándalo todo lo que está aconteciendo últimamente y en qué se está convirtiendo este país, nuevamente, gracias a la incultura. Y es imprescindible llamar las cosas por su nombre.

Que un jurado popular de cinco personas decida que el líder de la corrupción en España quede impune está siendo el hazmerreir fuera de nuestro país, que para poder litigar tengas que pagar en segunda instancia es un ataque y una vulneración del derecho a la justicia gravísima porque solo el que tenga parné podrá buscar justicia, la indefensión a la mayoría es un hecho. Que mientras tanto un juez, que se ha atrevido a sacar nuestra cruenta, injusta e irreparada historia de los crímenes del franquismo ya vemos que está suponiendo un linchamiento y un ataque feroz por ello al mismo. Que las mujeres menores de edad puedan trabajar, conducir una moto, ir a la cárcel pero tengan que pedir permiso paterno para decidir sobre su cuerpo demuestra el retroceso evidente en igualdad. Y así un largo etcétera...

Es necesaria una revolución, yo lo tengo claro, la sanidad, la educación, la justicia, deben seguir siendo públicas y accesibles para toda la ciudadanía pero sin cultura que nos haga discernir porqué esto tiene que ser así difícilmente vamos a conseguir cambios, porque estos, al final, y nos gusten más o menos, de momento solo se consiguen a través del poder, y este se obtiene a través de los votos. O hacemos un poder ciudadano que sea el que represente verdaderamente a la sociedad en los gobiernos o cualquier otra revolución será un fracaso.

Ayer, mi hermano, de 22 años de edad me preguntaba que de qué era concejala, a lo que le dije que de nada y de todo, que es lo que tiene estar en la oposición, que lo supervisas todo, que intentas sacar todos los trapos sucios que puedes, que denuncias, que propones, pero ya está, no decides porque no tienes el poder. Me llamó la atención porque no es la primera que me hacen esta pregunta, hace un par de meses fue un estanquero de mi ciudad natal, y no es joven precisamente. Que incluso fue peor que mi hermano porque me decía que como "soy política pues ya tengo trabajo asegurado de funcionaria para toda la vida", madre mía como está el patio.

Y me sorprende porque quien dice que todos los políticos somos iguales se equivoca sobre todo si no conoce cuestiones tan básicas como esta. Cuando hay elecciones, unos ganan y los que no, se quedan en la oposición sin carteras, sin delegaciones, sin posibilidad alguna de que tu trabajo influya en las decisiones institucionales. Porque las mayorías absolutas tienen eso, y con el PP más, mucho debate, mucha denuncia pero el mazo de la derecha cae implacable sobre cualquier propuesta alternativa, y menos claro si viene de unos rojos como nosotros.

Como no van a estar las cosas como están, si la gente se cree todo lo que le dicen y esto en general es falso. La crispación está creciendo en un país que aún no ha saldado la deuda con su historia, y no me gusta, ciertamente no me gusta nada.

Necesitamos mas cultura, más información, más realismo alternativo, sin cultura no hay revolución, luego veremos cómo la hacemos, si empezamos desde dentro (instituciones) o como decía Cohen nos dedicamos a tomar el poder, desde la anarquía, con todas sus consecuencias.

Yo me quedo con lo primero si se hace con ese poder ciudadano a través del conocimiento, lo segundo, me inquieta tanto como lo que pueda provocar esta crispación creciente.

lunes, 9 de enero de 2012

Hoy, a 104 años de su nacimiento, Simone


La escritora de Memorias de una joven formal o El segundo sexo cumpliría hoy más de un siglo de vida, nació tal día como hoy, 9 de enero de 1908 y murió con 78 años. Mi necesidad de hablar de mujeres que han luchado en su vida, y que lo han hecho además por los derechos de "nosotras", esta tarde, tiene que ir dedicada a ella.

Porque entre otras muchas mujeres ha sido otra de las grandes de las que he aprendido. Su lectura es obligada dentro de la literatura feminista y recomendada para todas aquellas que se pregunten si nuestros espacios, nuestro sexo, nuestra libertad y nuestra memoria han sido adquiridos por nosotras como caídos del cielo o si detrás hubo alguien que batalló por ellos. Efectivamente hubo alguien, es otra historia de mujeres, necesaria revivirla para valorar lo que tenemos.

Simone fue destacada atea y reivindicadora de los derechos de las mujeres, francesa combativa con la derecha, eso sí, procedía de la burguesía lo que le permitió ser una mujer estudiosa y conocer a su compañero, Sartre y que junto a Camus fundaron la revista Tiempos Modernos convirtiéndose en una importante pensadora de la época. Fue de las primeras en distinguir entre las funciones productivas y reproductivas de las mujeres, habló de la emancipación económica de las mismas y hasta de la libertad de contracepción. Fue una mujer comprometida con los derechos humanos y con el movimiento estudiantil liderado por Daniel Cohn-Bendit, en aquel mayo del 68 que acuñó ese lema tan de actualidad como "el prohibido prohibir".

Como ni soy una experta en su vida y obras ni lo pretendo, tan solo dejar en su aniversario una breve reseña en recuerdo de su existencia, tan solo dejaré algunas de sus palabras extraídas del libro "El segundo sexo", que escribió entre 1948-49. Quien quiera saber más de ella no tiene más que acudir a una librería, biblioteca y mientras no nos corten la posibilidad de navegar, a través de la internet.

"El drama de la mujer consiste en ese conflicto entre la reivindicación fundamental de todo sujeto que se plantee siempre como lo esencial y las exigencias de una situación que la constituye como inesencial. ¿Cómo puede realizarse un ser humano en la situación de la mujer? ¿Qué caminos le están abiertos? ¿Cuáles desembocan en callejones sin salida? ¿Cómo encontrar la independencia en el seno de la dependencia? ¿Qué circunstancias limitan la libertad de la mujer? ¿Puede esta superarlas? He aquí las cuestiones fundamentales que desearíamos dilucidar. Es decir, que, interesándonos por las oportunidades del individuo, no definiremos tales oportunidades en términos de felicidad, sino en términos de libertad."

"Un mundo en el que hombres y mujeres fuesen iguales es fácil de imaginar, porque eso es exactamente lo que había prometido la revolución soviética: las mujeres, educadas y formadas exactamente como los hombres, trabajarían en las mismas condiciones y por los mismos salarios; la libertad erótica sería admitida por las costumbres, pero el acto sexual ya no sería considerado como un «servicio» que se remunera; la mujer estaría obligada a asegurarse otro medio de vida; el matrimonio descansaría en un libre compromiso que los cónyuges podrían denunciar cuando lo desearan; la maternidad sería libre, es decir, que se autorizaría el control de la natalidad y también el aborto, y a todas las madres y a sus hijos se les darían exactamente los mismos derechos, tanto si eran casadas como si no; las vacaciones por causa de embarazo serían costeadas por la colectividad, que asumiría el cargo de los hijos, lo cual no quiere decir que se les retiraría a sus padres, sino que no se les abandonaría."

En la URSS, durante la revolución soviética, el movimiento feminista fue de los más fuertes. Las mujeres ante la adversidad, ante la negativa no solo a su libertad, a ser tratadas de modo igualitario han sido históricamente el "sexo" mejor organizado. Básicamente como han hecho siempre los oprimidos, para salir precisamente de su opresión. No vayamos a caer ahora en la tentación de dormirnos en los laureles y permitir que quieran volver a incapacitarnos ,como se ha hecho en tantas ocasiones, para ser libres. Las mujeres necesitamos rearmarnos, construir ese paralelo feminista en la lucha de clases, ambas son necesarias de manera conjunta, sin renunciar a una cosa por la otra, de ello depende que se nos respete.

No vayamos a dejar que joyas como la del pensador reaccionario del siglo XIX, Bonald, "Las mujeres y los proletarios no pueden ni deben convertirse en autores, tanto más cuanto que no lo quieren." calen en esta sociedad nuestra donde los sectores más conservadores tienen el poder y la capacidad para que estos dictados echen por tierra todo lo conseguido. Y además porque no es posible ya la distinción, las mujeres somos mujeres y además trabajadoras.

Prefiero quedarme con Marx, que también fue considerado y valorado por Simone en esta magnífico y adelantado ensayo para su época.

Cuenta Marx en una nota de El capital: «El fabricante M. E. me hizo saber que en sus telares mecánicos solamente empleaba mujeres, y que daba preferencia a las casadas, y, entre estas, a las que tenían en casa una familia que mantener, porque ponían mucha más atención y mostraban más docilidad que las solteras, ya que tenían que trabajar hasta el agotamiento de sus fuerzas para procurar a los suyos los medios de subsistencia indispensables. Así es -añade Marx- cómo son falsedades las cualidades propias de la mujer en detrimento suyo y cómo todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se transforman en medios para esclavizarla y hacerla sufrir.»

Nada de lo que rodea a la vida de las mujeres ha sido fácil, nuestros derechos lo son, y nuestra consideración en sociedad es, sencillamente porque estábamos allí. No lo olvidemos.

sábado, 7 de enero de 2012

Entre fogones multinacionales


Sí, porque no eran los fogones típicos de una cocina rústica, ni tan siquiera de un barecillo o de un restaurante, los suyos eran industriales, a lo grande, para hacer enormes cantidades de comida y sobre todo de forma muy rápida. Lo que se conoce como comida basura.

Lourdes trabajaba en esa cadena norteamericana desde no sabía ya ni cuando, y solo tenía 26 años, y no parecía tampoco que fuera a salir de allí en la vida. Había llegado como la mayoría, para sacarse un dinerillo para compaginar con los estudios y poder tener una juventud digna mientras terminaba el módulo de administración de empresas en el que pretendía conseguir un trabajo decente.

No es que el que estuviera realizando no lo fuera, ninguno es indecente, mientras sea consentido, con un horario conciliador y con un salario lo suficientemente amplio como para poder tener una vida respetable, pero en este caso ninguna de estas condiciones se cumplía, y con el agravante de que la mayoría de quienes trabajaban en la "famosa" cadena alimenticia eran mujeres.

Mientras Lourdes seguía con su rutina: sacar las patatas congeladas, las hamburguesas congeladas, los aros de cebolla congelados y en fin, hasta el pan congelado, para que en menos de cinco minutos todos parecieran productos frescos, una muchacha, Mónica, aparecía para entrevistarse con el encargado, éste sí era hombre, cosas de los rangos laborales.

Lourdes observó desde estos fogones tan encadenados y tan multiusos los gestos de Mónica, la actitud condescendiente, para variar, de Jesús, el encargado, y en menos de quince minutos, así, sin más, aparecieron ambos en el interior de lo que supuestamente era una cocina y se hicieron las presentaciones oportunas. "Aquí Mónica, nueva para ayudarte en la reposición de quesos, ensaladas y freidoras" indicó Jesús a Lourdes.

Lourdes sabía que esas pocas indicaciones no serían nunca el objeto laboral de Mónica, acabaría como ella, como todas, haciendo de todo, unos días dentro, entre fogones y otros de cajeras o limpiando el establecimiento, fundamentalmente fines de semana, que era cuando adolescentes precarios y todo hay que decirlo, de escaso gusto alimentario, acudían de madrugada para adquirir por un módico precio de 2 euros unas cuantas "suculentas hamburguesas" que saciaran la borrachera de botellón antes de llegar a sus casas y derrumbarse en la cama impregnando hasta las paredes de olor a garrafón.

No tardaron en congeniar, había muchas trabajadoras pero Lourdes estaba en casi todos los turnos, mañana, tarde y noche, también porque tras tantos años allí metida, su vida fuera de aquél lugar, que daba una imagen de felicidad gastronómica, era su primer hogar y así tenía interiorizado ese espacio en su corta exigente vida laboral, pues como el resto también empezó para pagarse esos estudios y acabar ese módulo, pero el fin nunca llegaba y cada día que pasaba le daba más pereza hacerlo. Tampoco es que en la calle hubiera demasiadas posibilidades laborales, cosa que también influía en la dejadez a la hora de avanzar académicamente.

Lourdes, además, era lesbiana, Mónica por su parte era más joven, jovencísima, 19 añitos y entró de cabeza a formar parte de las mujeres encadenadas y explotadas en tan renombrado fogón multinacional. Mónica quería experimentar y Lourdes la ayudó. No fue mala la primera vez por lo que contaban unas y otras entre coca colas y patatas fritas, luego, tras un tiempo Mónica empezó a encerrarse en sí misma. Una mujer preciosa, de labios grandes, inteligente, rubia, con mucha motivación, pero perdida de cara al futuro, laboral y sentimental. Lo segundo fue fácil de solucionar con el paso de los años, y tras diversas pruebas con hombres y mujeres regresó a Lourdes, que no tenía prisa, como en nada, era paciente.

...y ahí siguen las dos, trabajando con la ilusión de que son cocineras entre una amplia gama de fogones multinacionales.

viernes, 6 de enero de 2012

Camina temprano



Hay libros que te enganchan, que relees, que te inspiran finalmente. A mí me ha pasado con La mano invisible. No es una novedad, lo he comentado en varias ocasiones. Pero sí lo es que gracias a su lectura voy a empezar a desgranar -con ninguna intención ni modestamente de imitar a Isaac Rosa- historias laborales pero con un matiz: si la invisibilidad de la clase obrera es más que manifiesta, si hablamos de mujeres entonces resulta del todo clandestina.

Tengo la necesidad de contar algunas historias de mujeres que de una u otra forma me han acompañado a lo largo de mi vida y siempre, de mejor o peor modo, será al menos un breve homenaje a cada una de ellas, por su resistencia y su capacidad para hacer de todo. Los nombres son ficticios, las historias no.

Mayka vivía en un céntrico piso de una ciudad media, de una ciudad que antes era más amable que ahora y que habitaba junto a cuatro personas más, lo que era un piso compartido, con gente joven, estudiante y trabajadora.

Se ganaba la vida como podía, y una vez tuvo un trabajo que no estaba muy bien pagado pero le servía para sobrevivir, no era elegante pero le permitía llenar la nevera, y no era cómodo, tenía que levantarse a las cinco de la mañana para llegar, tras atravesar toda la ciudad, andando, a la casa en la que iba a cuidar a unos niños. Y de paso, fregaba, barría, limpiaba cristales, hacía la comida, ayudaba a hacer deberes, y un largo sinfín de tareas domésticas que como todas las mujeres saben son insorpotablemente interminables.

Le habían dicho que el trabajo era ser niñera, pero una cosa llevó a la otra, que si te hago un día las camas, otro día te recojo los platos del fregadero, al siguiente te pongo una colada, y al final, acabas siendo una chacha.

Y todo por el mismo precio. Y diez horas al día.

Mientras camina a tan temprana hora por una avenida larga, desierta y oscura, Mayka comprueba que a esas horas, tiene especial atracción hacerlo. La ciudad le pertenece, nadie ha abierto persiana alguna de ningún negocio, ni siquiera un taxista circula por las calles, pero sí hay alguien que forma parte de su recorrido diario, una mujer, mayor, helada, tirada en el suelo, en el mismo rincón de todos los días, tapada con una manta y ya, con la mano estirada esperando que alguien le eche una moneda.

Es también triste el amanecer tan solitario.

Mayka sabe hacer de todo dentro de una casa, su habilidad y eficacia no tiene límites, ha aprendido que en una hora puedes dejar relucientes de arriba a abajo todos los azulejos de una cocina, que a la par que le das un biberón a una criatura de tres meses puedes remover el cola-cao de la niña de seis años, que mientras doblas tres kilos de ropa puedes repasar la lectura con la misma niña. Y que mientras troceas los calabacines puedes jugar y llenar de mimos a un lindo bebé.

Una multitud de actividades que harán que a la hora de finalizar la jornada, los padres de los niños, los dueños de la casa, no tengan nada qué hacer ni nada que pueda entretener más a sus hijos que todo lo que ha hecho ya por ellos Mayka. Llegarán cansados a una casa que está de museo y que exhaustos de trabajar tampoco estarán para muchos trotes. Y volverán a deshacer todo lo que durante todo el día ha ordenado Mayka.

Al fin y al cabo, es el miserable precio que todos pagan para poder pagar su alquiler o su hipoteca y llenar la despensa. Siempre hay renuncias o sacrificios. Impagables, injustos. Como la vida misma.